Buscamos palabras para definir lo que somos, para definir nuestro trabajo, para etiquetar una profesión. Sabemos que las cosas no son blancas ni negras pero aun así seguimos buscando el blanco y el negro para definir nuestro trabajo. 

Llevo semanas buscando por todas partes palabras para definirme. Todas me resultan extrañas cuando las acerco a mi nombre, porque yo sé que Joaquín Guerrero es muchas cosas a la vez y me cuesta ponerme a mi mismo una etiqueta. Necesaria y aparentemente imprescindible para que Google me encuentre, para crear anuncios personalizados, para aparecer en la primera página de resultados. Etc et cetera.

¿Así que qué hago? Pues seguir buscando hasta que cada palabra que encuentre mejore a la siguiente, hasta que encuentre el modo de englobarlo todo sin utilizar en exceso términos anglosajones, hasta conseguir decir a qué me dedico y que no me entre la risa. 

Cuando comencé mi paso de bailarín a emprendedor, recuerdo que hasta llegué a presentarme como soft skills enhancer, me dijeron que sonaba genial y me dejé llevar por los “expertos en lo que sea” y al mismo tiempo cada vez que lo escribía me entraba la risa. Quería decir que trabajaba las habilidades interdisciplinares, las pequeñas, las invisibles, y que desde mi perspectiva escénica trataba de desarrollarlas en el mundo corporativo. En un lapsus de cordura pensé que “soft skills enhancer” podía significar eso. 

Pero me chirriaba, así que acabé cambiándolo, pasé por ser formador y speaker -y de nuevo mi cerebro me decía ¿por qué speaker? ¿Das conferencias internacionales? (¡ah! qué todo el mundo usa ese término, que suena bien, pero, ¿soy yo el speaker?)

No. Así que seguí buscando palabritas.

Formador me sonaba ajeno y una cosa tenía muy clara: Coach no soy ni lo busco. Así que me hablaron de otra palabra nueva para mí: el mentoring, que por supuesto tenía que ser en inglés, ya que mentoría sonaba ya a persona muy mayor. Y me lancé de lleno.

Durante meses me he definido respondiendo al ¿qué haces? Hago mentoring en comunicación. Me consolaba el no usar la palabra coaching pero me seguía doliendo el oído cada vez que lo usaba. 

¿Y si solo uso sonidos?

Me entraban ganas de comenzar a definirme solo con onomatopeyas: ¿Qué haces? Pues hmmm, ehh, arrghhh, vente a verlo. 

Pero seguía buscando una palabra válida. Pregunté a todos los que tengo cerca. Tengo la costumbre de preguntar cuando no sé algo y el mundo está repleto de gente con ganas de opinar, así que no me fue difícil ir acumulando ideas.

Aquí tenemos algunas más:

Preparador: AL final lo que hago en mis sesiones es preparar, ensayar y trabajar las habilidades comunicativas in situ. Pero preparador me seguía sonando a aquellas personas que te ayudan a sacarte el carnet de conducir. Carnet que a fecha de hoy, a mis 34 años, sigo sin tener. 

Entrenador: Uff… También me decían “personal communication trainer” es decir entrenador personal de comunicación. Y de ahí si que saqué algo en claro que parte de mi trabajo es realizar entrenamientos. La palabra entrenamiento me gusta más que la de entrenador. Tampoco me acaba de convencer.

Sabiduría popular 

Otro buen amigo y senior de los negocios me dijo:

– A ver y digo yo: ¿no puedes ser asesor en comunicación y ya está?

Y yo pensaba: bueno, no es mala idea, más directo, sencillo y menos pretencioso. La lástima es que el inconsciente lo tengo muy activo, y tengo una voz en off que me dice sin parar “Asesor me suena a asesor de palacio, asesor del rey, asesor inmobiliario, pero asesor comunicativo me sonaba de nuevo a cachondeo”. 

Me gustaría encontrar un nombre que no venda humo, que no suene a “venga ya”.

 Nos acercamos al término universal, el que usan miles y miles de personas. ¿Os lo imagináis? 

Oh yes!: CONSULTOR

Podría denominarme “consultor en comunicación” 

Es serio y muy utilizado. Es una posibilidad factible.

¿Seguro? Resulta que me he llevado más de la mitad de mi vida bailando y pensando en escenarios y no me acabo de ver e identificar. Consultor es un término extremadamente propio del mundo corporativo y mi trabajo es traer el mundo artístico al mundo corporativo y la palabra que me defina tiene que ser válida en ambos universos. 

 ¿Entonces que hacemos? Podría decir simplemente soy Joaquín Guerrero. ¿Qué haces? Pues ya lo irás viendo. Ganas no faltan. Aun así no me doy por rendido, algo hay que poner en la tarjeta de visita.

No me rindo

Creo haber encontrado una palabra que si puede unir ambos mundos y esa palabra no es ni más ni menos que la siguiente:

PROFESIONAL

Para distinguir a las personas que bailan por placer en discotecas o en sus casas se le añade el término profesional y te defines: soy bailarín profesional. 

Así que ahora puedo simplificarlo todo y tratar de definirme con la cabeza en el suelo y decir -a ver que os parece- soy profesional de la comunicación. Y añado mi eslogan: tu puesta en escena. Al final algo que a todos nos une es la búsqueda de la profesionalidad, hagas lo que hagas, hazlo bien, sé profesional. ¿no?

Y habrá muchas más palabras, y seguiré buscando, y si me encuentro una palabra mejor no me dará miedo cambiarla. Porque las palabras están para eso, para irlas probando, para ver qué nos dicen y cómo nos hacen sentir. Y cuando dejan de significar lo que buscábamos pues tenemos la obligación de cambiarlas. 

¿Te costó encontrar la palabra correcta para LinkedIn? ¿Aún la estás buscando?

 

Abrir chat
Soy un ser humano
Hola! Ya que estás aquí, ¿quieres agendar una primera sesión de entrenamiento para hablar en público? La sesión gratuita dura 45 minutos. Presencial en Barcelona u online en el resto del planeta.