Quieto en la silla no te saldrán las palabras. Salir a pasear te ayuda a pensar porque te estás moviendo. No se trata de mirar o encontrar. La mayoría del tiempo que pasas caminando lo pasas recordando cosas, planeando otras, decidiendo pocas. 

Para aclararme las ideas yo necesito moverme, pero también necesito bailar cuando escucho música clásica y al parecer hay muchas personas que escuchan a Bach y no sienten un deseo directo de bailar. Aunque yo sigo pensando que no tiene que ser sano quedarse con toda esa música por dentro sin sacarla. Corre aunque sea, haz algo, pero hay melodías que merecen una respuesta.

Descubrir si lo que nos funciona a uno mismo le funciona a los demás se llama aprendizaje y siempre va en las dos direcciones. Así que cuando comencé a estructurar mis sesiones de comunicación pensé que realizar un calentamiento físico era lo primero antes de comenzar una sesión. Básicamente porque a mí el movimiento me ayuda a hacer las paces entre lo que soy y lo que quiero ser. 

el movimiento me ayuda a hacer las paces entre lo que soy y lo que quiero ser. 

Simples movimientos de articulación, balanceos para entender cuando estoy derecho y cuando torcido, respiraciones para poder comparar un músculo con otro y entender si estoy más o menos tensionado. Información que únicamente consigo mientras me muevo. 

Así que antes de comenzar tenemos siempre 5 o 10 minutos de calentamiento. Al principio me preocupaba que mi cliente me dijera algo así:

–Eh, que yo he venido a aprender a hablar en público, ¡qué tendrá esto que ver!

¿Y qué pasaba? 

Eran miedos como tantos otros. Miedos que no suelen corresponderse con lo que pasa después. Algunos clientes preguntan. Sí, pero lo hacen porque tienen curiosidad y quieren aprender. No dudan que el movimiento y el cuerpo son una parte indispensable de la comunicación. Al fin y al cabo saben que soy bailarín, mi base es esa. Lo extraño sería que comenzase haciendo un calentamiento a base de problemas matemáticos. 

Como las recetas mágicas no existen por muchos libros que quieran vender autores de éxito, cuando te dedicas a la enseñanza, llámalo mentoría, coaching, formación o como te sientas más tranquilo,  tienes que pasar por un proceso muy minucioso para conseguir enseñar tus  objetivos y hacerlo cada vez mejor. 

No enseño fórmulas matemáticas, al trabajar con el lado intuitivo y humano unido a la disciplina del artista escénico, tengo que concentrarme mucho para ir creando mi método. Cada persona tiene que hacerse el suyo propio y la vida es irnos traduciendo códigos los unos con los otros hasta que conseguimos que nos entiendan, comprendan y nos sientan muchas más personas. 

Encontrar la propia individualidad, conocernos a nosotros mismos al detalle nos sirve paradójicamente para poder conectar con un mayor número de personas. Cuanto más escarbas más parecidos somos. 

Encontrar la propia individualidad, conocernos a nosotros mismos al detalle nos sirve paradójicamente para poder conectar con un mayor número de personas

Por eso a mí me gusta escuchar encima de un escenario a los que trasmiten amor a la vida y no amor a sí mismos. El ego, el “olé yo y aquí estoy yo” cansan a medio y largo plazo. Lo bonito es cuando escuchas a gente que hacen que te conozcas más a ti mismo, que te muestran las partes de ti que desconoces. 

No me imagino a José luis Sampedro escribiendo entre párrafo y párrafo entre paréntesis “wow, que bien me ha quedado este párrafo, vaya maravilla que acabo de escribir”. En su novela “La sonrisa etrusca», un libro de esos para olvidarse de la pandemia y volverse a convencer que la vida tiene más sentido si la compartimos con nuestros mayores. 

Cuando el ego aparece demasiado fuerte en escena, inmediatamente surge el rechazo.  Es curioso como todos rechazamos el ego cuando lo vemos y sin embargo lo fácil que es caer en él cuando te dan un micrófono y te preguntan qué es lo que piensas,

Esa lucha entre el ego y la verdad, entre lo compartido y lo vivido, entre lo deseado y alcanzado me obsesiona. Me obsesiona que las personas hablen desde su verdad. Disfruto buscándola. Parece que buscar la mía, subirme y hablar yo solo no es suficiente. Quiero que otros se suban, porque la gente tiene más que decir de lo que parece y es bonito ver cómo los ojos pasan de la duda y el suelo a encenderse. 

Los ojos sobre un público están más vivos. Supongo que debemos tener sensores internos que nos indican que necesitamos un poco más de luz.

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