imagen de juan Gomez. Teclado

La duda es parte de un buen proceso para crear un discurso

 

Ante la duda. Hazlo. ¿Te suena? Pues no lo tengo claro. No estoy de acuerdo. Ante la duda pues tampoco debe estar mal seguir pensándolo. No hay atajos para excavar palabras. Muchas de las cosas que deseamos comunicar no están en la superficie. Hay que buscar, entrar en el laberinto. Hay tantos laberintos como personas. 

Queremos todo para ayer. Y hay momentos en los que hay que bajar la ventanilla y que nos dé el aire (aunque sea con la mascarilla puesta). Aún recuerdo las ventanillas sin botones y como el aire entraba igual o incluso mejor. 

Yo dudo mucho las cosas. Lo reconozco. No tengo todas las ideas siempre claras y eso me lleva a contar las cosas de otra manera. La indecisión puede generar mucha creatividad. No todo está claro a la primera. No veo carreteras allá donde miro. Muchas veces veo fango y me tengo que pringar mucho hasta encontrar la carretera. También hay veces que me salen ideas y tomo decisiones de manera instantánea. 

Esas decisiones rápidas tienen trampa. Suelen ser el producto de un paseo más largo. Son el resultado de lo que pensamos sin darnos cuenta. 

Hay discursos que nos cuentan aún más preparar, especialmente cuando describen nuestros servicios como autónomos, como emprendedores o son parte del reclamo de una causa en la que estamos echando muchas horas. Cuando algo nos importa, nos cuesta decidir entre una palabra y otra. Si por ejemplo te estás creando el discurso, la charla, la “frasecita” de tu nuevo producto, lo que sea y no te sale, pues no pasa nada.

Repito: no pasa nada en absoluto. 

Las palabras se escriben, se pronuncian, se sueltan, se escapan. Sí, pero también se sienten, se estudian, se digieren, se pesan. Cada una de esas acciones necesita que le eches tiempo, ganas y empeño. 

¿Qué tienes que hacer?

Pues sufrir un poquito. No pasa nada por sufrir un texto. Dale vueltas y confía en que algo saldrá. Quizás hoy no te salga. Resulta que hay cosas que necesitan más de una hora, un día y hasta una semana. Pues continuas al día siguiente.

Las prisas no nos pueden llevar a aceptar por bueno lo que no nos gusta. Y no me voy a la otra vertiente de los eternos correctores que nunca hacen nada. Ni lo uno ni lo otro. Mientras dudes no te centres en el bloqueo. Trata de darle vueltas a ese texto. Algunas cosas que puedes hacer para limarlo:

  • Pásalo a limpio a mano. A mano. Ya verás como descubres nuevos huecos entre palabra y significado. 
  • Léelo en voz alta grabándote. Te ayudará a sentir si vas bien de ritmo.
  • Trata de imaginar y visualizar lo que estás diciendo. Imagina que lo está diciendo otra persona. ¿Cómo te hace sentir ese texto en otra boca?
  • Tradúcelo a otro idioma. Si hablas dos o más idiomas verás que al traducir tienes que meterte aún más profundamente en tu texto para traducir su esencia y no hacerlo de manera literal. Esto te aportará aún más información sobre tu mensaje. 

Lo de arriba son algunas cosas que puedes hacer. Cosas que no te aconsejo que hagas antes de tiempo son correr a mostrar tu texto a nadie y buscar opinión externa o tratar de aprovechar textos inconexos. Muestra solo las cosas de las que estés ya muy seguro. Textos de los que te sientas orgulloso. Y si te los derrumban tendrás que decidir qué cosas reeditas y qué cosas mantienes. Pero para ello tienes que haber ya digerido bien tu discurso. 

Pero lo que tengo claro es que trabajar emprendiendo, crear tu propia marca, ser freelance, crear nuevos productos, nada es fácil y necesita que le des muchas vueltas. Las que hagan falta. Y a poder ser que hasta lo disfrutes… aunque sufras.

En comunicación no hay atajos. Recuérdalo.

Y si necesitas un cable: Aquí me tienes siempre.  

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