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¿Por qué es tan difícil hablar en público?

Escalar el Everest es más difícil que levantarse del sofá y beber agua. No todo puede ser relativo. No todo vale, aunque estemos en el año 2021 y las redes sociales nos estén inundando el cerebro de expresiones sin peso. En este artículo repasamos el porqué nos cuesta tanto hablar delante de muchas personas y veremos algunas de las claves para superar estas dificultades.

Enfrentarse a un público, hables mejor o peor, siempre será una experiencia difícil para todos. ¿Por qué? Pues porque nos da mucha vergüenza. Tenemos miedo a hacer el ridículo y no estamos acostumbrados a mostrarnos a los demás abiertamente.

Me he subido ya bastantes veces encima de un escenario ¿Soy inmune por ello? No. Sigue siendo algo muy difícil de hacer, algo que requiere mucha atención y esfuerzo. Lo que sí me siento es, quizás, más seguro (la rutina y la frecuencia obran a nuestro favor) y menos nervioso antes de comenzar. Pero sigue siendo un proceso muy complejo, lleno de rituales, caminatas, y de mirar el reloj una vez y otra más.

Los entresijos de un reloj analógico son extremadamente complicados. Si cualquiera de nosotros desmonta un antiguo reloj de pared, seremos incapaces de volverlo a montar. Afortunadamente para eso están los profesionales, los cuales consiguen simplificar lo complejo.

Hablar creando un buen discurso está repleto de “tuercas y pequeños mecanismos”.

Hablar en público exige mucho de ti. O al menos debería hacerlo si quieres realizarlo bien.

Éstas son algunas de las cosas que tendrás que hacer simultáneamente cada vez que tengas delante a más de tres personas:

  1. Tienes que saber bien lo que vas a decir. Venir preparado. Tener una idea de los conceptos clave que quieres desarrollar aunque después decidas saltártelos.
  2. Saber el porqué quieres contar lo que quieres contar. Una intención. Luego tendrás que decidir si esa intención quieres que sea más o menos visible y evidente.
  3. Respirar mientras hablas. No ahogarte.
  4. Acordarte de parar de hablar (aunque sea solo un segundo y medio) antes de que sientas que te estás ahogando, que tienes la boca seca y que ya no sabes ni lo que estás diciendo.
  5. Tendrás que moverte. No puedes permanecer quieto como un palo ni tampoco de repente mover tus brazos como si fueras un alcalde. Debes encontrar el modo de acompañar cada uno de los mensajes que transmites y que tu lenguaje no verbal, como mínimo, no vaya en tu contra y no parezcas un muñeco con control remoto.
  6. Tienes que controlar el volumen de tu voz, articulando, hablando alto para que todos te oigan, pero sin gritar, para que la gente no se marche ni parezca que le están riñendo.
  7. Si, por poner un ejemplo, tienes hambre, tendrás que tratar de seguir hablando y dejar de pensar que tienes hambre mientras deberías estar pensando en lo que tienes que decir, aunque no lo puedas evitar, porque tienes mucha hambre… En el escenario es común atascarse en pensamientos repetitivos.
  8. En algún momento de tu discurso deberás mostrar algún tipo de emoción, sea la que sea. Tienes que sentir cosas para que tu público también las sienta. Eso, sin abandonarte al sentimentalismo ni dejar de controlar lo que dices, el cómo lo dices y a quién se lo estás diciendo. Casi nada.
  9. Controlar tu instinto “asesino” cada vez que alguien del público tosa. Después de un tosido vendrán más tosidos, acompañados de llamadas telefónicas y gente que se levanta a hablar por teléfono, por no hablar de todos los que están sentados sin escucharte y mirando la pantalla de su móvil. Mientras te das cuenta de todo eso tendrás que seguir conectado contigo mismo y con tu mensaje y mostrar lo mejor de ti. Casi nada otra vez.
  10. Tendrás que tratar de sentirte bien. Resulta que en el escenario todo se transmite y que si tienes un mal día y estás agotado por lo que sea (éste 2020 no ha terminado de ayudar) tendrás que hacer un sobreesfuerzo para que no se te note.
  11. Si te dan un micro para tu charla, el micro sonará mal el 70 por ciento de las veces. Te oirás extraño y tendrás que simular que llevas hablando con micrófono los últimos 30 años de tu vida, aunque sea la tercera vez que tienes tienes uno en tus manos.
  12. Probablemente sudes y te tiemblen las manos. Somos animales (en mayor o menor porcentaje, dependiendo de cada persona) y no podemos controlar nuestra sudoración. Piénsate bien el color de la ropa que lleves a tus primeras charlas. Luego, con los años, irás sudando menos. O no…

 

Así que sí. Hablar en público es muy difícil.

¿Y para que te digo todo esto? 

Porque tenemos que conseguir que parezca fácil.

 No pretendo disuadirte ni desanimarte. Defiendo y me encanta que la gente quiera comunicarse y lanzarse a hablar en público. Eso sí, hay un punto que tiene que quedar más claro que ninguno: sin sentido del humor te va a resultar casi imposible avanzar.

Para aprender a hablar en público necesitas tomártelo con mucha filosofía. Ante algo tan complejo, reírnos de nosotros mismos  ayuda  a realizar tantas tareas simultáneas delante de un público.

 Si te llevas cada uno de los puntos de arriba (hay muchos más) cargándolos como una mochila, comprobarás que serás incapaz de pronunciar más de tres palabras seguidas sin trabarte.

Lo conseguirás. Con esfuerzo, atención, dedicación y sentido del humor es posible. Sin

humor, lo veo muy difícil, por no decir casi imposible.

Y como no, si quieres un poco de ayuda para saber llevar mejor todas y cada una de esas dificultades, contacta conmigo y estaré encantado de ponernos manos a la obra desde ya.